Cuando estamos en nuestro centro, podemos acompañar mejor a quienes amamos.
Cada vez que cambies de un ambiente a
otro —cuando salgas de tu trabajo, antes de entrar a tu casa o antes de
comenzar una conversación importante— hacé una pausa de apenas treinta
segundos.
Respirá profundamente tres veces.
Y preguntate en silencio:
“¿Qué quiero llevar conmigo a este
momento… y qué prefiero dejar atrás?”
Es una pregunta sencilla.
Pero puede cambiar por completo la manera
en que transitás tu día.

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